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Publicado el noviembre 10th, 2016 | por Chan Chan

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Especialista de ICOMOS comparte opinión sobre cubiertas de Chan Chan

Autor: Dr. Ciro Caraballo Perichi / ICOMOS mexicano.

La zona arqueológica de Chan Chan fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial en 1986. Ya para ese momento el Perú reconocía la enorme dificultad –técnica y financiera- para la adecuada conservación del lugar. Es por ello que “atrevidamente” propuso una inmediata inscripción del sitio en la Lista del Patrimonio en Peligro, en la cual se conserva aun, luego de 30 años. Esta ha sido sin duda la mejor opción para explorar diversas vías, tanto técnicas como sociales, para asumir el enorme reto de preservar tan extenso patrimonio en tierra a la interperie.

De la compleja lista de dinámicas naturales y antrópicas que afectan el sitio (invasiones del área y elevación de la napa freática, entre otras) destaca la afectación de este tipo de estructura realizadas en tierra, con técnicas de vaciado, adobe o quincha, debido a su afectación por los vientos y en especial por la lluvia. Esta dinámica de deterioro es algo normal en las edificaciones de barro, lo cual es paliado en edificaciones vivas con cubiertas temporales, drenajes y frecuentes reconstrucciones. Tratándose de un bien arqueológico estas acciones son de difícil realización en una zona patrimonial que busca preservar la “autenticidad del bien”. Por años se ha realizado distintos ensayos de protección de muros, pero no hay duda que la única solución posible, si se quiere conservar y al mismo tiempo exhibir, son las cubiertas.

Cubrir los monumentos sensibles al deterioro por la lluvia ha sido uno de los más difíciles retos de los conservadores de sitios arqueológicos. Por una parte está el tema de la incorporación de estructuras livianas, pero con grandes luces entre apoyos; por otra asegurar la luz natural, al tiempo que buscar que la nueva estructura no impacte visualmente en el espacio cubierto y en su lectura exterior. Una tarea con pocos referentes satisfactorios. Es casi imposible que una estructura de grandes dimensiones no impacte la lectura visual de un bien, menos aún su lectura en el paisaje y qué decir de las excavaciones requeridas para sus bases de sustentación. Por otra parte las grandes estructuras requieren de componentes metálicos masivos, que sin lugar a dudas impactan en el valor estético del conjunto.

Numerosos han sido los intentos de cubiertas livianas en lugares arqueológicos. En el ámbito mundial basta con recordar el diseño de una estructura con mínimos apoyos, en los tempranos ochentas, en el sitio de Cacaxtla en México, con 11.000 m2, a fin de proteger sus murales polícromos. Varias veces la cubierta ha sido afectada por los vientos y el granizo. Con 12,000 m2 de área cubierta, el vasto y poco estético techo de los Guerreros de Xian, en China quizá es la máxima expresión del reto de conservar y exhibir este tipo de patrimonio fácilmente deteriorable ante el medio ambiente. Sin embargo, hay que aceptar que si se desea conservar y exhibir patrimonio sensible a la interperie, en especial aquellos en tierra cruda, no hay otra forma que no sea asegurando la máxima protección ante los fenómenos naturales mediante una cubierta.

De los nueve palacios que componen el sitio de Chanchan solo “Nik An -Tshudi” ha sido habilitado para visitas y ello parcialmente, debido a las dificultades generales de conservación de las estructuras en barro, al que en este caso se suma el despeje y exhibición de murales. A este rompecabezas de los administradores del sitio, se suma la compleja relación de proximidad que se da entre el visitante y los muros ornamentados.

Recientemente se ha realizado un ensayo de alta calidad conceptual, estético y técnico, donde solo un adecuado seguimiento y monitoreo de su comportamiento podrán indicar si es ésta la solución a implementar en otras áreas de la metrópoli chimú. Casi media hectárea de cubierta, que combina el uso sostenible de material estructural y una técnica tradicional (bambú), lo que permitió el uso de la mano de obra y las técnicas locales. Es éste un buen punto para reforzar el discurso de la participación de las comunidades.

Toda la cubierta es una intervención reversible, con mínimo impacto en su instalación. He allí su principal mérito. Al estar conformado en componentes fácilmente identificables y separables, podrá ser sustituido adecuadamente, si alguna de las partes muestra deterioro. A ello se suma su liviandad, que a su vez se traduce en un sistema de apoyo de múltiples columnas, de bajo impacto en sus fundaciones, y cuya esbeltez no molesta en la lectura del conjunto de patios, corredores y estancias que cubre. La combinación de cubiertas traslucidas y opacas asegura una buena lectura de los murales, sin inundar de luz el recorrido. La altura es otro compromiso que atiende la cubierta. Es lo suficientemente alta para no disminuir la lectura de los muros, pero no tanto que su presencia sea fácilmente descubierta desde el exterior. Un delicado equilibrio entre tecnología tradicional, diseño estructural de mínimo impacto y protección patrimonial.

Es difícil emitir un juicio a escasos meses de su instalación. La cubierta de poco mas de 4.000 m2 será sometida a los retos de la intemperie, a los vientos, a las lluvias y más aun a fenómenos complejos como los que en la zona representan los ciclos de “El Niño” e incluso sismos. También a la terrible experiencia con los visitantes, que no dudarán de recostarse en ellos para descansar e recorrido, apoyarse para tomar algún selfie colectivo y, quien duda, que algún ignorante intente treparse por ellos para simular en un video el vuelo de un dron.

Seguimiento y monitoreo regular, atención oportuna a los desperfectos detectados y sobre todo, estricta vigilancia a su comportamiento ante eventos naturales extremos. Este proceso es más valioso que el resultado actual, pues solo así sabremos si la solución propuesta puede ser repetida con éxito en otros sectores e incluso convertirse en referente para las cubiertas de las cientos de estructura de tierra cruda en la región.


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